28 de agosto 2026

Cecilia Vicuña exhibe quipu rosario entre Rubens y Van Dyck

Por primera vez en más de 400 años, las quince obras maestras del ciclo del Rosario salen de la iglesia de San Pablo de Amberes. En el Museo Het Noordbrabants se exhiben a la altura de los ojos y en diálogo con artistas contemporáneos: entre ellos Cecilia Vicuña, cuyos quipu enlazan el nudo andino con la cuenta del rosario. Hasta el 25 de octubre.

Foto: Rob Lipsius Quipu, Cecilia Vicuña, 2026, Museo Het Noordbrabants. Foto: Rob Lipsius.

28 de agosto, 2026

Durante cuatro siglos colgaron a cuatro metros de altura, muy por encima de las cabezas de los feligreses. Ahora, por primera vez desde que fueron pintadas a comienzos del siglo XVII, las quince telas monumentales de los Misterios del Rosario pueden mirarse a los ojos. La restauración de la iglesia de San Pablo de Amberes abrió una oportunidad excepcional: el ciclo completo —obra de Peter Paul Rubens, Anthony van Dyck, Jacob Jordaens, Cornelis de Vos y Frans Francken el Joven, entre otros maestros flamencos— viajó a los Países Bajos y se exhibe fuera de Bélgica por primera vez en su historia.

La exposición se presenta hasta el 25 de octubre en el Museo Het Noordbrabants de ’s-Hertogenbosch. Y tiene, para Chile, un motivo particular de interés: entre los artistas contemporáneos convocados a dialogar con los antiguos maestros está Cecilia Vicuña, Premio Nacional de Artes Plásticas y León de Oro a la trayectoria de la Bienal de Venecia.

Vicuña participa con madejas colgantes de lana sin hilar de intensa carga cromática que evocan los quipus de los antiguos incas, esos cordeles anudados que en el mundo andino registraban cifras, fechas y relatos. El paralelo con el rosario es exacto y es el corazón de su presencia en la muestra: si las cuentas del rosario acompañan el rezo y ordenan su repetición, los nudos del quipu ordenan y guardan la memoria. Ambos son sistemas de recuerdo hechos de objetos que se tocan, se cuentan con los dedos y se transmiten de generación en generación.

La muestra está a cargo de Floris van Alebeek, curador de Het Noordbrabants Museum y especialista en patrimonio religioso de la Edad Moderna, un terreno que conoce de cerca: sus áreas de investigación incluyen la historia cultural de Brabante del Norte y las artes visuales en Staats-Brabant entre 1648 y 1795. Miembro de CODART —la red internacional de curadores de arte flamenco y holandés— y con exposiciones a su cargo desde 1999, Van Alebeek organizó el ciclo en tres grupos de cinco misterios y decidió enfrentar cada sala a una obra contemporánea, de modo que la pintura devocional del siglo XVII se lea junto a las formas actuales de recordar.

La serie representa los quince misterios del Rosario: cinco gozosos, cinco dolorosos y cinco gloriosos de la vida de Jesús y María. Verlos a la altura de los ojos permite advertir detalles, emociones y soluciones técnicas que hasta ahora eran prácticamente invisibles. En El llevamiento de la cruz, Van Dyck —que tenía apenas unos dieciocho años cuando la pintó— capta la mirada tensa que intercambian María y Cristo cuando este sucumbe bajo el peso del madero. La adoración de los pastores, de Cornelis de Vos, evoca en cambio la quietud: toda la luz parece emanar del propio Niño. Y en La flagelación, Rubens hace tangible el sufrimiento con una economía sorprendente: las marcas sangrientas de la espalda son apenas unas pocas pinceladas.

En cada sala una obra contemporánea se enfrenta a las pinturas históricas. Junto a Vicuña participan Mona Hatoum, Latifa Echakhch, Maria Roosen y Geraldo Dos Santos, con piezas que rondan los rituales y las formas tangibles del recuerdo, desde los cordeles de oración hasta el nudo en un pañuelo. Las cuentas sobredimensionadas en forma de frutas y hortalizas de Roosen remiten al hortus conclusus, el jardín cerrado donde suelen representarse María y el Niño; en Worry Beads, Hatoum convierte un rosario islámico tradicional en una pesada escultura de bronce; y en Untitled (Tears Fall), Echakhch hace caer del techo miles de cuentas de vidrio como lágrimas.

“Los quince Misterios del Rosario tienen su origen en una tradición religiosa de mirar, rezar y repetir”, comenta Jacqueline Grandjean, directora del Museo Het Noordbrabants. “En la sala del museo se les otorga una nueva capa de significado, en la que también se hacen visibles las formas contemporáneas de recordar. Al fin y al cabo, la memoria surge de la repetición”.

El público también entró en la exposición. De entre cientos de postulaciones, el museo seleccionó diez cuentas de oración personales y las historias que las acompañan: desde el rosario de una abuela hasta un tespih, un tasbih o unas cuentas de preocupación que ofrecen calma en tiempos difíciles.

UN LAZO HISTÓRICO ENTRE AMBERES Y DEN BOSCH

El préstamo tiene una resonancia histórica. Durante la Guerra de los Ochenta Años, tras la conquista de ’s-Hertogenbosch en 1629, importantes tesoros religiosos de la ciudad fueron puestos a salvo temporalmente en Amberes. Cuatro siglos después, son las obras cumbre de la iglesia amberina de San Pablo las que hacen el viaje inverso hacia Brabante.